Oxfam México acaba de soltar un bombazo con su informe “Beneficios en fuga”, que revela cómo grandes industrias están saqueando el agua de México.
Mientras ganan algunos, otros pierden (por muuucho)
Si pensabas que la crisis del agua era solo cuestión de cerrar la llave mientras te lavas los dientes, piénsalo otra vez. Mientras nos piden que ahorremos y racionemos el agua, bancos, hoteles y aeropuertos la están extrayendo sin freno, pagando tan poco que ni siquiera alcanza para sostener el presupuesto de la Conagua. Oxfam México acaba de soltar un informe que deja claro cómo estas industrias están saqueando el agua del país sin ningún tipo de regulación efectiva.
El sector turístico presume de ser sustentable, pero la realidad es otra. Ocho de las diez empresas que más extraen agua en México son hoteleras, y siete de ellas están en Quintana Roo, el paraíso del turismo que consume recursos sin medida. Mientras los turistas se refrescan en albercas y los campos de golf lucen impecables, la población enfrenta cortes y sequías. Luego están los bancos, que han acumulado 183 concesiones de agua, un negocio que nada tiene que ver con su función financiera, pero que les permite especular con su escasez. Y el sector agrícola, que, aunque es el mayor consumidor de agua, no paga ni un solo peso por su extracción.
El Aeropuerto de Cancún, por ejemplo, ha extraído 40 millones de metros cúbicos de agua, casi tres veces más de lo que ha usado el gobierno de Morelos. Y si creías que una persona usa mucha agua en su vida, Quiroocan, una empresa hotelera, consume en un solo año lo que una persona gastaría en 340 mil años. No es exageración, es el reflejo de un sistema en el que los grandes negocios se llevan todo mientras la ciudadanía apenas recibe las sobras.
El problema no es solo el derroche, sino el modelo de concesiones de agua en México. Aunque la Constitución reconoce el acceso al agua como un derecho, las concesiones están diseñadas para favorecer a bancos y hoteles. Estas empresas pagan cuotas tan bajas que lo recaudado ni siquiera cubre el presupuesto de la Conagua, lo que impide que haya inversión en infraestructura para garantizar el acceso equitativo al agua. En pocas palabras, mientras unos hacen negocio, otros se quedan sin lo esencial.
Desde la aprobación de la Ley de Aguas Nacionales, el control del agua se ha ido privatizando poco a poco. En teoría, sigue siendo un bien de la nación, pero en la práctica, está en manos de empresas que lo explotan sin consecuencias. En 1992 había alrededor de 2 mil concesiones, pero para 2024 esa cifra ha crecido a más de 530 mil. Y mientras el número de permisos aumenta, la recaudación por derechos de extracción sigue bajando. Es decir, cada vez se entrega más agua a empresas privadas, pero lo que pagan por ella es una miseria.
Esto no solo es un problema ambiental, sino de desigualdad. Mientras unos pueden extraer millones de litros de agua para sus negocios, otras personas tienen que vivir con restricciones. Y si el modelo de concesiones no cambia, esto solo va a empeorar. Oxfam advierte que sin una regulación más estricta, el agua seguirá concentrada en manos de unos cuantos, dejando al resto con migajas.
Carlos Brown, director de programas de Oxfam México, lo deja claro: regular el uso del agua en México no es un reto sencillo. Ya en el pasado se intentó limitar el abuso de concesiones y poner freno a la especulación, pero las grandes empresas no van a ceder sin resistencia. Sin embargo, si no se hace nada, el acceso al agua seguirá siendo un privilegio y no un derecho.
Este problema es demasiado grande como para ignorarlo. Informarnos y difundir estos datos es solo el primer paso para exigir un uso justo del agua. Porque mientras algunos se llenan los bolsillos, la mayoría se queda con la crisis.